Benidorm es la capital turística de la Comunidad Valenciana. Desde cualquier perspectiva que se escoja, tiene el aire cosmopolita de una gran ciudad que por sí sola ha sabido dar respuesta a las demandas de infinidad de europeos que buscan en Benidorm el lugar donde disfrutar del sol y de magníficas playas. La de Levante, que está situada entre el Rincón de Loix y la punta de Canfali, es una de las mejores playas urbanas del mundo al haberse integrado plenamente en la estructura de la ciudad y convertirse no sólo en un punto de encuentro, sino también en el auténtico motor de desarrollo de la vida social y económica de la gran urbe.

Sobre la punta de Canfali, un pequeño montículo que divide a las playas de Benidorm – Levante y Poniente -, se acomoda un conjunto de casas encaladas que forman calles estrechas y sinuosas, en cuya cima está la iglesia.

Es éste el primitivo núcleo de la ciudad, donde habitaban los pescadores almadraberos de antaño. Junto a la iglesia está el túnel de acceso a la plaza de Castelar, sin duda el lugar más visitado de Benidorm; además de ser un cuidado rincón de indudable atractivo, desde el que se puede contemplar una bellísima panorámica de la moderna ciudad, sus playas y el mar, y acceder al denominado Balcón del Mediterráneo, una plazoleta pentagonal sobre un roquedal, o la playa del Mal Pas, junto al puerto desde donde zarpan los barcos que van a la isla de Benidorm.

La plaza de la Hispanidad y sus calles adyacentes constituyen el centro neurálgico de la ciudad moderna. De aquélla parten las grandes arterias como la avenida del Mediterráneo, que lleva hasta el Rincón de Loix, en el extremo norte de la ciudad, a los pies de sierra Helada. Son vías de comunicación que al mismo tiempo se han convertido en auténticos centros comerciales y de servicios donde se ubican un gran número de hoteles, cafeterías, discotecas, tiendas de moda, lugares de esparcimiento y ocio.

Villajoyosa, en donde termina la comarca de la Marina Baja, es el siguiente punto del recorrido por la costa hacia el sur de la provincia. Entre Benidorm y Villajoyosa, para los amantes del juego, el Casino Costablanca. Villajoyosa es una ciudad dividida por la desembocadura del río Amadorio, cuyo profundo cauce es salvado por un gran puente. La población ha crecido gracias a la industria turística, que vino a sustituir a las tradicionales de la pesca y la agricultura, impulsada esta última por la construcción del pantano de Relleu, y con posterioridad por el embalse del Amadorio, el cual merece una especial visita. Ambas actividades tuvieron una gran importancia para el desarrollo local, pero con el tiempo han dado paso a otras industrias más modernas, como las de aparejo y redes de pesca, así como la del chocolate.

La Vila, como es conocida por los alicantinos, tiene aspecto de ser una población nueva, crecida con el "boom" turístico de la zona, que se ha ido extendiendo más allá de sus murallas en torno al principal eje de comunicación que es la carretera nacional. De las murallas queda un gran lienzo junto al torreón de la Casa Abadía, éste conduce hacia el mar por el carrer de la Costera, que desemboca en la plaza con el nombre del ilustre vecino que fue el doctor José María Esquerdo, introductor en España de la neuropsiquiatría.

Sorprende esta plaza, con gran número de palmeras, por las coloristas fachadas de las viejas casas que la circundan; blanco, añil, ocre, almagre, azulete, hábilmente combinados entre fachadas, ventanas y balcones le dan un aspecto único de indudable atractivo, colores que también se repiten en las fachadas de las casas que dan al cauce del río.

El Campello, dentro de lo que ya se conoce como comarca de l'Alacantí, es un pueblo agricultor y marinero, facetas éstas que se reflejan en la propia estructura de su núcleo urbano, que ha desarrollado en los últimos años un importante crecimiento debido al turismo. Pero no cabe duda que es la segunda, la estampa marinera, la que queda en la mayor parte de quienes lo visitan y se acercan hasta el Carrer del Mar, barrio junto a las costa en el que confluyen todos los servicios cara al turismo. Es aquí donde encontraremos los dos elementos históricos más destacados de esta población que merecen ser visitados: l´illeta y la Torre Vigía.

El primero lo constituyen los restos de un asentamiento de le época ibérica, que se hallan sobre una pequeña isla que ha quedado convertida hoy artificialmente en una península. El otro, auténtico símbolo emblemático de la población, es una construcción del siglo XVI que servía para vigilar y prevenir los ataques por mar de piratas berberiscos. El Campello cuenta con una serie de calas y rincones muy interesantes, como la Punta del Llop Marí y la Coveta Fumà. Las playas de Mucha Vista y San Juan, pese a que físicamente forman un todo unitario y continuo, pertenecen a los municipios de El Campello y Alicante, respectivamente.

El cabo de las Huertas, lugar ideal para nudistas y amantes de la naturaleza, ofrece todas las posibilidades de un paraje apartado y de morfología abrupta y escarpada.

En las laderas del monte Benacantil, la ciudad de Alicante domina la bahía delimitada por los cabos de la Huerta y Santa Pola, espacio que da cobijo a las playas de la Albufereta, Postiguet, Babel, Agua Amarga, Saladar (Urbanova) y los Arenales, siendo las dos primeras y las dos últimas de fina arena, y las otras, de piedra.

La carretera que sale de Alicante hacia Santa Pola o Elche , la N-332, sigue paralela al mar. Pasando el gran bosque de palmeras que queda a la derecha, nuestra ruta nos ofrece la posibilidad de seguir por una vía cercana al mar, que nos lleva hacia hasta Cartagena, o, por el contrario, dirigirnos hacia Murcia por el interior, por Elche.

Tomamos la primera de las opciones, que nos conduce por una extensa zona pantanosa denominada Saladares hasta El Altet, próximo al aeropuerto del mismo nombre, pasado el cual la carretera queda delimitada por grandes y frondosos árboles y el paisaje se cubre de pinadas y plantaciones de naranjos y limoneros hasta Santa Pola. Unos cinco kilómetros antes de llegar a esta población, está la entrada al faro del cabo de Santa Pola, de la que dista cuatro kilómetros. Desde aquel se puede contemplar una magnífica vista delas bahías de Alicante y Santa Pola y de la isla de Tabarca.

A los pies del faro, un pequeño pinar facilita la estancia de los bañistas que acuden a este paraje huyendo de las grandes aglomeraciones que se producen en la playa próxima de los Arenales del Sol, mientras que, a la izquierda del cabo, una gran urbanización rompe la perspectiva bucólica de este paraje, y nos recuerda, una vez más, como la presión edificatoria ejercida sobre todo el litoral está causando daño no sólo al paisaje, sino también a los ecosistemas.