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Orihuela, que vio nacer a Miguel Hernández y cuyo paisaje
tanto influyó en su poesía, es un magnífico
lugar para iniciar un viaje que nos llevará a adentrarnos
en un paisaje de huertos alterado únicamente por la presencia
de esbeltas y aisladas palmeras. Orihuela, la "Oleza" de
Gabriel Miró, situada en la falda sur del monte de San Miguel
y junto al río, es una ciudad aristocrática, clerical
y cargada de una riqueza arquitectónica y monumental impresionante,
consecuencia de los largos siglos de historia que lleva sobre sus
espaldas. La primera y más conocida referencia histórica
de esta ciudad nos hace retroceder al siglo VIII, hasta el que fuese
reinado del rey visigodo Teodomiro, quien llevó un pacto con
los árabes para mantener la independencia de su reino, que
abarcaba hasta Alicante, el cual duró hasta el siglo IX. Las
más antigua de estas huellas la encontramos en los restos
del castillo-alcazaba (siglos IX-X), construido en lo alto del monte,
orientado al sudeste y lugar privilegiado de observación de
toda la vega y del llano de Murcia. Reconquistada por Jaime I en
el año 1242; cabeza de la Gobernación de su nombre
en el siglo XIV, siglo en el que consolida la ciudad como consecuencia
en parte de la existencia de una oligarquía local que se había
asentado a causa de la repoblación llevada a cabo en la Reconquista;
sede episcopal desde el siglo XVI, en que se incrementa el número
de edificios religiosos, particularmente después que el arzobispo
Fernando de Loaces promoviese la construcción del Colegio-Universidad,
Orihuela conserva todo un conjunto histórico artístico
de edificios civiles y religiosos de primer orden que la convierten
en ciudad monumental. La mayor parte de las construcciones históricas –más
de una veintena- se encuentran en la margen izquierda del río,
que se une a la otra mediante puentes que en un principio fueron
de madera, pero que con posterioridad se hicieron de piedra. Los
nombres de las iglesias como la de Santa Justa y Rufina o de Santiago;
el Colegio de Santo Domingo (siglos XVI- XVII) –el edificio
renacentista con más entidad de la Comunidad-, que fue sede
de la antigua universidad, pontificia primero y real después;
la Catedral de El Salvador (siglo XIV), próxima al Palacio
Episcopal; y los palacios: de la baronesa de la Linde, del marqués
de Rafal, del conde de la Granja, del marqués de Arneva (sede
actual del Ayuntamiento), de Rubalcava –que alberga el Museo
de la Reconquista-, son vestigios del esplendor que alcanzó la
ciudad en otra época. La Orihuela actual se ha ido extendiendo
hacia el sur. Desde el primer cuarto del presente siglo se llevó a
cabo una política de embellecimiento de la ciudad con la creación
de jardines en las plazas públicas y la construcción
de edificios públicos emblemáticos, como la plaza de
toros, la Lonja y el Teatro Circo. Cuenta también con un palmeral,
el de San Antón, el segundo en importancia de la provincia,
que se extiende junto a la carretera de acceso a la ciudad y al pie
de la ladera de levante del monte de San Miguel, próximo al
barrio del mismo nombre. Hasta no hace mucho tiempo, Albatera había
alcanzado una merecida fama de fabricar las mejores escobas de palma,
hoy en desuso. Son también muy conocidas de esta población
sus granadas, cuya producción es abundante e incluso ha dado
lugar en ocasiones a iniciativas promocionales como las de regalarlas
en octubre a quienes pasaban por la población. Bigastro cuenta
en su iglesia parroquial de la Virgen de Belén con una imagen
de San Joaquín, obra de Salzillo. Almoradí, en el centro
de la Vega Baja, es una población con una magnífica
huerta –a la que le ha dedicado un museo monográfico
que está situado en la pedanía Cruz de Galindo- de
naranjos, limones y hortalizas, cuyo principal producto, al igual
que en otros muchos lugares de la comarca, es la alcachofa. La comercialización
de conservas vegetales es otra de las principales actividades de
esta población, que, junto a Dolores –creada en el siglo
XVIII por las Pías Fundaciones del Cardenal Belluga-, de la
que dista a penas tres kilómetros, destaca por tener una floreciente
industria del mueble con un gran número de prestigiosas fábricas
repartidas en la carretera que une ambas poblaciones. Granja de Rocamora,
Cox y Callosa del Segura, que se suceden a los pies de la sierra
de este último nombre, son las siguientes poblaciones a visitar
dada su proximidad y su continuidad geográfica a través
de la carretera comarcal que las une. En la Granja de Rocamora, la
ermita de la Santísima Cruz, situada en el centro del pueblo
junto a una plaza ajardinada, le da un aspecto singular, pero es
la popularmente conocida Torre Mora (sigloXII), bien conservada y
situada en las afueras de la población, en la llamada Huerta
de la Granja, la que le da ese toque característico para remitirnos
a épocas pretéritas. También Cox conserva muy
bien el castillo palacete del siglo XIV y la iglesi parroquial de
San Juan Bautista, una de las pocas que se salvaron del terremoto
del pasado siglo. EL CAMPO DE CALLOSA Es Callosa del Segura la ciudad
que requiere de una más detenida visita por reunir un patrimonio
monumental apreciable. La iglesia arciprestal de San Martín
(siglo XVI), con tres naves y capillas absidiales, constituye una
bella muestra de ñla arquitectura renacentista española,
destacando entre sus elementos la magnífica portada gótica.
Arropada por la sierra, por cuyas laderas se dejan caer las casas
blancas que forman estrechas callejuelas en su barrio antiguo, Callosa
tiene un tesoro cultural que cuida y mima: la representación
sacra de la pasión y muerte de Jesucristo, que todos los años
por Semana Santa tiene lugar con notable éxito de publico
en la iglesia de San Martín. La iglesia de San Roque, en el
barrio del mismo nombre y situada sobre un montículo, es una
magnífica atalaya desde la que poder observar todo el campo
de Callosa. Actualmente, Callosa es, junto con Villajoyosa, una de
las principales productoras de hilados y redes de pesca, industria
que ha venido a sustituir a la del cultivo del cáñamo,
con el que se fabricaban en el siglo XIX las conocidas alpargatas;
de dicho cultivo existe en la población un museo etnográfico.
Los continuos canales de regadío que irradian toda la Vega
Baja han dado lugar a que en algunos de los municipios de esta comarca
encontremos las tradicionales norias, que se utilizaban para elevar
el agua destinada al riego en poblaciones como Benijófar y
Rojales, situadas en la margen derecha del río y próximas
a su desembocadura. En esta última población destaca
un puente de sillería del siglo XVIII.
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