Elda, a ocho kilómetros de Sax, entre la sierras de la Umbría y del Cid y en el límite del corredor central del valle, forma ya parte de la comarca del Medio Vinalopó. El viajero detectará rápidamente a su paso por este municipio que se halla ante una de las zonas industriales más importantes de la provincia, con la industria del calzado a la cabeza, cuyo origen habría que buscarlo en los pequeños talleres artesanales de zapatos que los vecinos de Elda desarrollaron a finales del siglo XIX y que ellos mismos distribuían y vendían por la zona. Esta actividad, junto a la industria textil, supusieron un incremento sustancial de la población, que dio lugar al crecimiento y desarrollo de barrios obreros que habitaron gentes procedentes en su mayor parte de La Mancha, Murcia y Andalucía, en respuesta a la creciente demanda laboral. Dependiente de la corona castellana por el tratado de Almizra, Elda pasó, en 1305, y por el pacto de Elche, firmado entre Castilla y Aragón, a depender de esta última Corona, y posteriormente a formar parte del amplio territorio del infante don Fernando de la Cerda. En 1577, Felipe II concedió el Señorío de Elda y los lugares de Petrer y Salinas, junto con el título de conde, a don Juan Coloma Cardona. El castillo de Elda, que debió ser una gran fortaleza, es hoy prácticamente inexistente. Construido en los siglos XII-XIII por los musulmanes, sus posteriores dueños –Ximén Pérez, Ruiz de Corella o los Coloma- realizaron sucesivas alteraciones en su estructura para convertirlo en alcázar. Puesto a la venta en 1849 por un insignificante precio, se desmanteló para venderlo a un comprador que aprovechó los materiales para la construcción. Situada en las estribaciones montañosas de la sierra del Caballo, la vecina Petrer, separada – o unida – de Elda por una calle del barrio de La Frontera, mantiene una serie de servicios comunitarios con ésta. La continua expansión que provocó la época de bonanza económica debida al desarrollo industrial del calzado, así como las condiciones que le imponen su orografía, obligaron a Petrer a crecer hacia Elda. Si bien mantuvo hasta mediados del pasado siglo XX una industria alfarera, fue con el desarrollo de la industria del calzado, de la que Elda llevaba ya adelantada más de un siglo, con la que alcanzó su mayor expansión. Elda y Petrer han mantenido siempre una gran rivalidad y diferencias en muchos aspectos. La lengua es una de ellas: Elda habla en castellano y Petrer en valenciano, lo que se explica en el mismo hecho histórico de su repoblación tras la expulsión de los moriscos de este territorio a comienzos del siglo XVII. Petrer cuenta con un castillo emplazado en un cerro a cuyo alrededor surgió la ciudad, que hoy conserva un casco antiguo muy pintoresco y de sabor moruno. Por una carretera comarcal que nos lleva hasta Pinoso, tierra de mármoles y de vino junto a Algueña y La Romana, Elda se una a Monóvar, ciudad en la que nació el escritor José Martínez Ruiz ,"Azorín", que merece una visita para conocer la casa-museo que lleva el nombre del famoso autor. La principal actividad de Monóvar, además de una industria de curtidos de piel, fábricas de bolsos y artículos de viaje, es el cultivo de la vid, principalmente de la variedad monastrell, y en menor medida, garnacha. La localización de Monóvar entre dos colinas le da un especial atractivo al visitante, que puede contemplar la población bien desde la ermita de Santa Bárbara o bien desde la otra colina, en donde se hallan los restos de un castillo. Novelda, cuna del insigne matemático y marino Jorge Juan y Santacilia (1713-73), conoció una importante bonanza económica a mediados del siglo XIX, lo que tuvo su fiel reflejo en la arquitectura civil de la población, favorecida por una burguesía progresista que trajo a la ciudad las novedades que ofrecía el mundo. Este importante lanzamiento económico de la ciudad se produjo cuando los viñedos franceses fueron atacados por la filoxera y el vecino país se vio obligado a importar vino, muy importante entonces en Novelda. La misma enfermedad afectó con posterioridad las vides de esta comarca, lo que supuso el cambio de la producción de uva para vino en uva de mesa; la variedad aledo es la más extendida, y dado que es de maduración tardía, gracias a las técnicas de protección mediante bolsas de papel que permiten su conservación en la planta hasta finales de año, es tradicional su consumo en muchos países de Europa para tomar las doce uvas el día de Nochevieja. El paisaje que nos acompaña siempre en esta zona del Medio Vinalopó es la de los emparrados de viñedos que, en el último trimestre del año, tienen los racimos envueltos en bolsas de papel. Ello ha sido posible gracias a la conversión de tierras de secano en regadío merced a la perforación de muchos pozos del término, hoy ya agotados, y la adquisición de otros en Villena y Sax. Junto a la vid, los noveldenses han dado muestra de su espíritu emprendedor mediante la creación de una industria como la fabricación y comercialización de condimentos que, en el caso del azafrán –que adquieren en tierras de Aragón y La Mancha-, es exportado a todo el mundo ya envasado. También se comercializan otros condimentos como el pimentón, la canela, el comino, el clavo, etc. Si la manipulación del mármol es otra de las principales actividades económicas del Medio Vinalopó, Novelda se convierte en la principal ciudad productora de la zona. Llama poderosamente la atención, desde cualquier punto de acceso a la ciudad, la proliferación de talleres de elaboración, siempre junto al cauce del río. El rápido enriquecimiento a que dio lugar el incremento de la exportación de vinos trajo consigo el que una amplia burguesía de la ciudad levantase una serie de edificios de estilo modernista, imperante en la época. Es, sin duda, el máximo exponente de este estilo la Casa Museo Modernista, situada en el número 22 de la calle Mayor. El Casino noveldense merece una detenida visita para recrearse en la contemplación de su bella factura y sus jardines. Un recorrido por la ciudad nos llevará hasta el centro de la misma, en cuya plaza del Ayuntamiento se halla una estatua dedicada a su hijo más ilustre, Jorge Juan. Fuera del núcleo urbano y situado sobre una bella colina a la que se accede por un camino que discurre junto al río entre vides y fábricas de mármol, se halla el castillo de la Mola, construcción de época musulmana –primera mitad del siglo XIII- en la que destaca la torre triangular –no hay ninguna igual al norte de Marruecos-, que se levantó en la época cristiana hacia la mitad del siglo XIV. Junto a él, eregido entre 1918 y 1946 por el ingeniero local José Sala y Sala, se encuentra una curiosa edificación de estilo gaudiano: el santuario de la Magdalena. Aspe, en la margen derecha del Vinalopó, dedica una amplia extensión de su terreno cultivable a la producción de uva de mesa. En lo que se refiere a la industria, la del calzado es la más importante, ya que esta ciudad fabrica la mayor de las suelas de caucho y plástico del calzado que se hace en Elche. Destaca el edificio del Ayuntamiento, construcción del siglo XVII, con grandes soportales frente a los que se abre una espaciosa plaza de la que forma parte la iglesia parroquial de Nuestra Señora del Socorro, de 1676. el castillo, denominado del Moro o del Río, se encuentra situado a varios kilómetros de la población, en el antigua asentamiento de la ciudad, sobre una roca a orillas del río y en un estado de casi total runa, si bien conserva algunos lienzos de muralla.