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Elche, dentro del Bajo Vinalopó –al que pertenece
también Crevillente y Santa Pola-, es la capital de una comarca
que, pese a ser deficitaria en recursos hídricos, ha dado
lugar a una de las huertas más fértiles de la provincia,
como es el campo de Elche. En Elche, la segunda ciudad en importancia
después de Alicante y tercera de la Comunidad Valenciana,
el paisaje seco y árido que nos acompaña desde Aspe
se torna más suave para mostrarnos una de las imágenes
que ya siempre estarán asociadas a esta gran ciudad: la de
sus palmeras, que forman un verdadero bosque, considerado el más
importante de toda Europa. Estas fueron introducidas desde el norte
de África y su cultivo se extendió principalmente en época
de los árabes, siendo sobre todo en los siglos XVII y XVIII
cuando se multiplicó su número. Sin embargo, el crecimiento
urbanístico de la ciudad, la necesidad de suelo que se precisaba
para dar cabida a la gran inmigración proveniente de otras
comunidades, así como el valor de la palmera como planta ornamental,
hacen que el palmeral sufra constantes agresiones que han esquilmado
gran parte de su superficie. Uno de estos huertos de palmeras, el
segundo en importancia de la ciudad, es el Parque Municipal, con
una gran extensión en la que, además de otras especies
arbóreas, se intercalan espacios de recreo y terrazas, y desde
el cual se puede obtener una bella panorámica sobre el Vinalopó.
Es el Huerto del Cura el palmeral más célebre y conocido
de cuantos tiene Elche. Es casi un jardín botánico
en el que se han aclimatado una gran número de especies tropicales
de extraordinaria belleza. Cabe destacar la llamada Palmera Imperial,
dedicada a la emperatriz Isabel de Austria, que visitó el
huero en 1894, que tiene un total de ocho brazos, así como
el extraordinario jardín de cactos de todo tipo, formas y
tamaños. Actualmente se sigue explotando y comercializando
la palma blanca, con la que se confeccionan auténticas obras
de artesanía que se utilizan en la procesión del Domingo
de Ramos, y los dátiles. Pero la base primordial del desarrollo,
el motor impulsor de la economía ilicitana es la industria
del calzado, principalmente deportivo, algunas de cuyas marcas han
alcanzado fama mundial. Es la torre de la Calahorra el edificio más
representativo de la época árabe en Elche. Adosada
a la antigua muralla que circundaba la primitiva ciudad, el terremoto
de 1829 dejó reducida su altura a la mitad. Al igual que la
torre de los Vaillos, en un huerto cerca del Paque Nuevo, y la torre
de Ressemblanch, al sur de la ciudad, formaron parte del sistema
defensivo de la población medieval. El centro de la antigua
villa murada está presidido por la iglesia-basílica
de Santa María, cuya construcción se inició en
1673. en ella se representa cada año el Misteri d´Elx,
drama cantado de época medieval en el que se escenifica la
muerte y asunción de la Virgen. Próximo a esta iglesia
se halla el Palacio de Altamira o Alcázar de la Señoría,
fortaleza del siglo XIII que sufrió posteriores modificaciones
y cuyo castillo presenta una torre del homenaje con tres plantas;
muy remodelado en la actualidad, alberga el Museo arqueológico
Municipal Alejandro Ramos Folqués. El del Ayuntamiento es
otro de los edificios más representativos de la ciudad: construido
en los siglos XVI-XVII, la parte central es la antigua torre del
Consejo, cuya puerta daba acceso a la ciudad; en una pequeña
torre con un campanario están dos de los personajes más
conocidos de la ciudad, Calendura y Calendureta, figuras de madera
integradas en el engranaje de un reloj de carillón que se
concluyó en el año 1572, que son los encargados de
recordar sobre una campana las horas y los cuartos del día.
Elche cuenta con un gran número de puentes que atraviesan
el cauce del río y que permitieron la comunicación
y el crecimiento de la ciudad hacia poniente, donde la principal
vía de comunicación, la avenida de la Reina Victoria,
se ha convertido en el eje comercial más importante de la
nueva ciudad nacida del "boom" industrial de los años
50- 60. estos puentes, que salvan el profundo cauce del Vinalopó,
desde los que se puede tener una perspectiva de la ciudad antigua
y de los jardines del cauce llenos de árboles y palmeras,
son los del Ferrocarril, Altamira, Canalejas o Nuevo, el de Santa
Teresa o Viejo, y el más reciente construido y moderno que
es el Pont d´Elx. Capítulo especial de este viaje por
Elche merece el yacimiento arqueológico y Museo de la Alcudia,
asentamiento ibérico situado a dos kilómetros al sur
de la ciudad, donde se descubrió la Dama de Elche, actualmente
en el Museo Arqueológico Nacional. Su museo contiene todo
un amplio catálogo de piezas pertenecientes a las épocas
ibérica y romana, cuando la ciudad de Illici Augusta consiguió su
independencia al quedar exenta de pagar tributos y poder acuñar
moneda. Para finalizar este apartado hablaremos de Crevillente, otra
de las ciudades importantes que forman parte de la comarca del Bajo
Vinalopó y que se asienta en las laderas de la sierra que
lleva su nombre. Hoy es una de las ciudades más importantes
de la provincia, con una industria textil de primer orden, y la principal
productora y exportadora de alfombras del país. En la plaza
de la Constitución se encuentra la iglesia de Nuestra Señora
de Belén, y junto a ella el Museo Monográfico Mariano
Benlliure, donde se pueden ver bocetos, modelos y obras acabadas
del escultor valenciano que realizó numerosos pasos de Semana
Santa para la ciudad. En sus alrededores, el paisaje, se llena de
palmeras y de la visión sorprendente del embalse o laguna
del Hondo, a caballo entre los términos municipales de Elche
y Crevillente, donde se almacenan las aguas de lluvia y de las escorrentías
de la sierra de Crevillente. VEGA BAJA DEL SEGURA Atravesada por
el río segura en su último tramo antes de llegar al
mar, esta comarca se caracteriza por la ausencia de accidentes geográficos –sólo
son dignas de mención las sierras de Orihuela y de Callosa
del Segura-, lo que la convierte en una zona llana donde el cultivo
de frutales y hortalizas es la principal actividad productora de
sus gentes. La Vega Baja es un todo unitario tanto geográfica
como culturalmente, en lo que ha tenido una especial incidencia su
aproximación histórica a la ciudad de Murcia, con la
que forma frontera. El río tiene un carácter totémico
y entorno a él se han realizado grandes esfuerzos de canalización
para el aprovechamiento de sus aguas, mediante una extensa red de
canales y azarbes que son característicos del paisaje de esta
zona de la provincia, como el más reciente de la monumental
obra de ingeniería para transvasar el agua desde el Tajo hasta
el Segura, merced al cual se realizan los aportes hídricos
necesarios para posibilitar el riego. El aprovechamiento del Segura
y las posibilidades de crecimiento económico que ofrecía
en sus algo más de 30 kilómetros de recorrido por la
provincia han traído consigo la constitución de una
tupida red de poblaciones –algunas de rancio abolengo, otras
más recientes en su historia- que se extienden a lo largo
de las márgenes del río, unidas por estrechas carreteras
que discurren por entre huertos y plantaciones de frutales, hortalizas
y algodonales, que podrán ocasionar en algún momento
cierta dificultad de orientación dada la semejanza paisajística.
En nuestro trayecto, mientras observamos las bien cuidadas casas
agrícolas, con porches en los que abundan las macetas con
flores y algún que otro emparrado, podrá sorprendernos
que, junto a las viviendas, se alinean unos pequeños habitáculos
de madera que, tras un primer golpe de vista, enseguida descubriremos
que se trata de jaulas. En la Vega Baja existe una gran afición
a la colombicultura, que se traduce en la existencia de clubes de
este tipo; muchos domingos y festivos se celebran concursos de palomos
deportivos.
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